- MULTIPOLAR | EEUU ATACA AMÉRICA LATINA
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La madrugada del 3 de enero de 2026 marca un punto de inflexión histórico para América Latina. El bombardeo directo de Estados Unidos sobre Caracas y otras zonas estratégicas de Venezuela, el secuestro extraterritorial del presidente Nicolás Maduro y de la primera dama Cilia Flores, junto con su traslado forzado a Nueva York para ser juzgados por tribunales federales estadounidenses, constituyen una ruptura abierta, explícita y deliberada de los marcos jurídicos internacionales construidos tras la Segunda Guerra Mundial. No se trata de un exceso, ni de una anomalía, ni de una operación “quirúrgica”: es el retorno pleno de la espada como mecanismo de resolución de los conflictos políticos internacionales para nuestro continente.
La Carta de las Naciones Unidas consagró, en su artículo 2.4, la prohibición del uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de los Estados. Ese principio, erosionado durante décadas por guerras “preventivas”, operaciones encubiertas y sanciones económicas devastadoras, acaba de ser pulverizado sin eufemismos. El bombardeo de un Estado soberano sudamericano y el secuestro de su jefe de Estado no cuentan con mandato del Consejo de Seguridad, no responden a una agresión previa y no se encuadran en ninguna excepción legalmente reconocida. Son, en términos jurídicos y políticos, un acto de agresión (ONU, 1945; Asamblea General de la ONU, Resolución 3314).
El mundo posterior a Gaza —donde un genocidio televisado se desarrolló sin sanciones efectivas— ha convertido la excepción en norma. La violencia estatal masiva dejó de ser un tabú para transformarse en una herramienta del poder global. Allí donde antes se discutían resoluciones, hoy se lanzan misiles; donde se invocaban derechos, hoy se exhiben portaaviones.
América Latina, que durante décadas logró mantenerse al margen de los grandes conflictos armados interestatales, vuelve a ser concebida como zona de operaciones. El corolario Trump de la Doctrina Monroe no es retórico: es una guía para la acción. Venezuela no fue atacada centralmente por las características de su gobierno, sino por sus recursos y por lo que simboliza. El mensaje es disciplinador y regional: ningún país está a salvo si desafía los intereses estratégicos del poder dominante.